10. Una mentira que vale la pena vivirse

Ha habido mucho silencio últimamente, en especial de mí mismo. Hay cosas que no podré recuperar considerando las decepciones recientes. Me parece que mi confianza sobre la gente ‘de confianza’ se ha perdido. Este mundo que han creado no vale la pena, tanta gente ocupada en ‘salvar cara’ pero obrar en todo momento por sus intereses. Durante gran parte de mi vida me pregunté por qué decir la verdad me catalogaba como imprudente y como descarado. Qué vergüenza habitar entre personas que ocupan su tiempo en cuidar la forma que les perciben los demás pero no en ser congruentes con sus motivaciones. La incertidumbre es un motor importante dentro de mi vida y entender a los demás siempre fue de las cosas más difíciles. Nunca me imaginé que el único juego que les gustaría jugar sería el de engañar a los demás y a sí mismos, conscientemente, siempre creí que era por… accidente o inconscientemente, pero no, deliberadamente se dedican a dar una imagen basada en aspectos convenientes de momento. Quizá para otros es obvio y tiene sentido que sea de tal manera, pero es un dilema del prisionero del más alto orden. 


He visto el equivalente de horrores: hermano aprovechándose de hermano, padre destripando al hijo, hijo destrozando al padre. Lo horroroso al respecto es la casualidad, la normalidad de ello. Parecería que lo hacen por deporte si no lo hicieran por estilo de vida. Lo peor son las organizaciones que forman y encima tienen las pelotas de indignarse cuando el gobierno les miente y les engaña. ¡Pero si son iguales! Es como ver un espejo y odiar lo que se encuentra al otro lado. Que vida infantil y absurda es la de las culturas. 


Lo desprecio, lo desprecio todo (Considerar una persona o cosa como indigna de aprecio y trato, y demostrarlo con rechazo), por ende evito la asociación con la normalidad con gran pasión. Pero no es suficiente, soy un ser humano, mi cuerpo no es el de un dios ni de una bestia, por lo que la soledad no me basta. Aunque fuese suficiente estar por mi cuenta, veo un ubicuo desorden en todo lugar al que volteo, excepto quizás en los ecosistemas viejos y en su intrínseca relación con la termodinámica. Veo un mundo en grave necesidad de orden y dirección, que haría cualquier cosa por la misma dosis de propósito. Veo gente que felizmente se entregaría a un fanatismo genocida con tal de que se le prometa resolver su miseria (si, te estoy viendo a ti, Alemania, que en tus dudas no te has atrevido a crucificar nacional e internacionalmente hasta al último neonazi). Veo un mundo que esconde su debilidad con la bandera de la tolerancia y su narcisismo xenofobico con un supuesto respeto por la ley y el orden. 


Y yo, en silencio, no he hecho más que pensar incesantemente e inmiscuirse en conflictos infinitos dentro de simulaciones. Mi misión de conducirme por gusto y no por disciplina está completa, la disciplina es ahora una herramienta y no un vicio para huir de la experiencia emocional y vaya que había variedad de bagaje con el cual lidiar. Lo único que he aprendido de la civilización es el mezquino arte de reprimir las emociones, ya que en su incompetencia ni logran suprimirlas aunque sus vidas dependieran de ello. Estoy cansado de reparar en la inevitable traición de la especie. Se traicionan a sí mismos y por ende no pueden prevenir traicionar a los demás, a pesar de todos sus intentos de enmascararlo. 


Yo también tengo un sueño, sin ánimos de ser irónico, es el sueño de un sueño. Una fantasía para el raciocinio, para el proceder lógico: fanatismo para el ateo, fanatismo para las máquinas. Mi idea consiste en crear un sistema de orden complejo. Pero para diseñarlo primero es preciso redactar la teoría, de nada sirve dejar los principios a interpretación. Me recuerda a Confucio, su texto es una reacción a los tiempos, los principios del confucianismo están basados en una reacción a China, diciéndole que hacer y cómo tener un sistema de orden y moralidad, evidentemente por que le hacía falta uno, aunque no me queda duda de que hoy en dia es igual de carente que en el tiempo en el que se escribió. No es lo que me gustaría para mi propia ideología, que simplemente acabe como un Don Quijote de la Mancha, una legendaria figura que invita a los demás a vivir una vida completa, pero que simplemente deciden seguir en su papel de venteros y criminales. Es por ello que he determinado como necesario al fanatismo y al fundamentalismo. Ninguna ideología puede permanecer incorruptible y en influencia plena sin ello. 


Claro que en la presente época inclusive los más devotos creyentes observan a los fundamentalistas con miedo y vergüenza. ¿Acaso no vale la pena vivir su mentira? Son los únicos que verdaderamente intentan vivir las verdades de sus ideologías al máximo. ¿Por qué le temen a la violencia que sus dioses ordenan? ¿Por qué tienen miedo a obedecer? La respuesta es obvia, les falta fe. Además de que tienen una ideología incongruente que depende de la interpretación para entenderse y que históricamente está plagada de errores y mentiras que sus historiadores intentan reconciliar, eternamente sin éxito. Mi sueño es crear una mentira que valga la pena vivir. La única mentira que la gente quiera vivir y que todo lo demás sea ciencia y verdad. Sería la mentira del orden y del servicio a la mente consciente. Un fanatismo por el bienestar, medido por la ciencia, pero juzgado por sus resultados. Quizá esté llena de violencia y muerte, pero no de sadismo ¿quien en su sano juicio preferiría ser encerrado 80 años en un calabozo oscuro lleno de dolor y miseria que morir por un tiro de pistola? Solamente un loco preferiria ideas que han traido tortura en plena consciencia que muertes rapidas. Me fascina ver al ser humano retorcerse para orar ante quien ordena la eterna tortura de quien le desafie. Me encanta observar la desesperación con la que quieren salvar sus propios pellejos y como entregan a su prójimo conceptualmente al fuego eterno o a una posición de inferioridad con tal de garantizar su propia ‘salvación’. 


Quiero enmendar mi respuesta, una que di hace más de 14 años. Si cambiaría el mundo. Si pudiera le daría un orden complejo y propósito. También sería preciso un control de ideas mayor, pero a diferencia del patético orden socialista que George Orwell hábilmente representó en ‘1984’ aquí se festejará la variedad de ideas y de culturas, lo que no se permite… queda aún por determinarse. 


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