7. El Final de la Gran Espera: una mentira entre la vida y la muerte



El Final de la Gran Espera: una mentira entre la vida y la muerte


Contexto:

Cuantos sucesos recientes y novedades. Las últimas semanas han estado repletas de reflexión y experiencias nuevas, especialmente después de la solución de mi problema fundamental. Ahora me es posible disfrutar de mis experiencias en general y por fin es buen tiempo y forma de lidiar con los otros problemas. Francamente los demás problemas son igual de teóricamente imponentes, después de todo uno de ellos es el del Vacío Existencial, que no puede ser subestimado, ya habrá tiempo de hablar de ello, especialmente en mi blog formal, no en este, aunque cabe decir que no me ocasiona ni remotamente la cantidad de ansiedad y malestar que el problema fundamental me causaba. Un problema que Shodai mismo reconoció que yo necesitaba resolver. Recuerdo con gracia sus palabras, pues dijo que ‘si esa es la extensión de mis defectos, no hay nada de qué preocuparse.’ Estoy parafraseando, por supuesto, pero es válido reconocer que no daño al prójimo, es más, cuando me es posible ayudar lo hago, aunque me es extraño que más personas no cuenten conmigo, después de todo nunca cobró (no se genera deuda personal ni monetaria) y siempre estoy disponible. A menos de que se me contacte para trabajar con asesorías de alguna materia, entonces si es importante cobrar por que quien necesita el servicio es afectado beneficamente por esto, el cobrarle le da importancia cognitiva inconsciente, además de que la gasolina no se paga sola y no soy capaz de teletransportarme.


Contenido:


¿Qué harías si te encontraras frente a todo lo que siempre quisiste? Ahí está la dedicación, sabiduría, inteligencia, buena voluntad e inquebrantable abnegación que cualquier ideología podría reconocer como características deseables. De aquí se crean dos posibilidades, dos universos, uno en donde vives con ello y uno donde vives sin ello, de tal dicotomía nacen dos preguntas más, ya llegaré a profundizar de las mismas, pues su respuesta tiene invaluable información sobre el quién eres, qué es la unica cuestion que importa. Antes es importante discernir si la experiencia es el sueño inmaduro de un niño o si son las piadosas mentiras de un cobarde.


Sapere, italiano para ‘saber’, derivado del latin Sapere, que significa sabor. Un tema recurrente en el Ryu de Mamba es la comprobación ¿Cómo sabes cómo sabe lo que sabes? Por qué lo has probado. Una mezcla de prueba científica y experiencia, porque lo has vivido o has vivido con ello. Pero todo eso es teoría, cabe detallar cómo fue para mi que llegue a saber y que era lo necesario a medir, o la expectativa que había creado dentro de mi. 


Tengo exactas memorias del inicio, de como me di cuenta de lo que quería. Fue por contraste con mi circunstancia en ese tiempo. En un momento de grave estrés y alienación vi un rayo de luz, una similitud interesante, que hasta la fecha me parece más evidente que mi propia respiración. Rápidamente, como tendemos a hacer los seres humanos, surgen esperanzas, idealizaciones y expectativas. Para los más observadores de la especie, la mayoría de estos casos rápidamente terminan en un “querer no es gustar” o “la gente pide lo que quiere pero luego no le gusta lo que recibe.” Es decir, en un desencanto. Mi obsesión por el conocimiento y por la verdad entró en acción: Había que estar seguro, entonces comenzaba mi investigación para conocer los detalles. Habría de medir todo tipo de variables, consistencia, congruencia, procesos y formas, cosas propias de un ingeniero que inspecciona los materiales que procesa una fábrica. Toda una inspección de calidad. Mi investigación se quedó corta, solamente tuve la oportunidad de observar con telescopio, modelado 3d, simulaciones, todo indicaba que no me engañaba a mi mismo, por lo menos superficialmente era genuino. 


Cuando llegó el momento de concretar el análisis con la prueba máxima, honrando la popular frase “el mapa no es el terreno,” mi oportunidad se desvaneció. Así como un espejismo en el desierto, perdí el oasis. Todo lo que podía hacer era pensar en el agua, en cómo sería si estuviera cerca. La frescura y calidad, que solo quien vive entre arena y sequía puede apreciar. Me resigne a la circunstancia, hice lo mejor que pude, sabía lo que implicaba ahora que no estaba, habría que actuar sin certeza. Habría de tener fe en que mi juicio no era vago, en que lo que veía era auténtico, así que camine en esa dirección. Nunca me olvide, ni por un instante. Nunca dejé de esforzarme por seguir a las estrellas para encontrar de nuevo tal excepcional reflejo del cielo. No quedaba más que esperar. 


La espera, así es, era yo quien esperaba. Siempre esperando, mirando por la ventana, no importa si estuviera en clase, ejercitando, escribiendo, solía ver siempre por la salida. Con la esperanza de que algo distinto llegaría. ¿Salvación? ¿Refuerzos? ¿Qué estaba esperando? No lo sabría en los vagos entonces. Siempre esperaba que llegara la lección que quería aprender, el juego que quería jugar, la fecha que me gustaba celebrar. Esperaba la siguiente semana, el siguiente día, convencido de que algo llegaría, algo que aún no existía. Esperaba la siguiente asignatura, el siguiente libro, la siguiente mañana, por algo que fuera más. Esa necesidad me perseguía, terminé en varios lugares algunos pocos similares y la mayoría peores. Pero ahora, me había dado cuenta de mi realidad, había visto en mi periferia la sombra de aquello que buscaba, lo supe por fin, no había duda en mi mente. Me dediqué a enviar señales de humo, a hablar con las nubes que esconden la luna, a esperar que cayera alguna leve brisa que me guiará de regreso al reflejo de mi fantasía. Toda esta espera, había sido desde el principio por una idea, no me rendiría con facilidad hasta conocerla. Antes muerto que sin conocerla… pero después también, la causa y la consecuencia serían distintas, de momento simplemente era un gato en su propia caja de Schrödinger.


Los días pasaron. Las tormentas llegaron para quedarse, con todo y sus tazas de té. No puedo contar los días que me mantuvo vivo esta idea. Era mi sol y yo las plantas a las que da vida, nadie más que yo podía verlo, ¿estaría loco? No. La prueba sería el efecto de Tyndall, pues veía la luz en la tormenta que acechaba y era más real que yo en esos momentos. A veces pasaban meses sin su brillo, me quedaba entre tinieblas y estrellas, aunque debo decir que me frecuentaba una luna fluorescente, que ilumina aunque la eclipsen, pero esa es una historia para otro momento.


La carga era abrumante, pero mi voluntad nunca se quebró, seguí adelante. Durante las tormentas aprendí a manejarlas, a tomar mi espacio y a superar la oscuridad. Cuando no hubiera más necesidad de esperar, estaría listo para apreciar, no habría intereses escondidos, ni vacíos que carcomen, podría de verdad disfrutar del paraíso que me había ideado. 


Un buen día la espera terminó, escuchaba las olas lejanas y sentía como la humedad relajaba mi nariz. En desesperación corrí a toda velocidad. No había más cansancio, antes de que me pudiera dar cuenta el opaco ambiente se transformó en algo que jamás había visto antes. Me perdí completamente desde la primera mirada. ¿Qué vi? Lo mejor es describirlo como un lugar vasto, un océano. Si, describiré todo con una analogía, aunque es lo que he estado haciendo todo este escrito.  Recuerdo bien el olor a sal y arena, su textura, la suavidad de sus olas. Aun puedo ver su par de colores ligeramente verdes, como cualquier agua que tiene un ecosistema saludable, manchado con algas que decoran con un vibrante naranja. A veces hay más y a veces menos, ¿será la marea o el sol el que cambia los colores? No importa la explicación cuando se trata de apreciar. Recuerdo que había un par de estrellas de mar, pero brillaban como si fueran de oro. No quedaba duda, no estaba soñando. Cada momento que pase ahí, cada respiración, comprobaba lo que había imaginado desde que vi su espejismo: era real. Tuve razón en todo, pero no solamente existía, en varios sentidos supera todo aquello que había imaginado. 


Eran evidentes mis intenciones, no hice nada por esconderme. Aunque tampoco puedo decir que brinque a la espuma. Simplemente me acerqué lo suficiente para que su marea, cuando subiera, me alcanzara. Casi como pidiendo permiso al mar y dejándole hacer su voluntad. Después de todo no vine hasta aquí para modificar lo que yo ya consideraba perfecto. Se tomó su tiempo y yo disfruté cada instante hasta entonces, ya no había nada que esperar. La marea subió, se acercó a mí una ola, estaba listo para recibirla y en su punto más alto, cuando se forma la curva tan distante antes de un colapso, pude sentir el fresco de su proximidad. Pero nunca me tocó, simplemente pasó a través de mí, como si yo no hubiera estado ahí. Me sentí espejismo en ese momento, como si yo fuera el que no era real, quede confundido, trastornado quizás, por unos instantes. No entendía lo que estaba sucediendo, pero entonces comprendí. Como es costumbre, el conocimiento y la verdad tienen su precio. En ese instante sentí que algo me acababa de atravesar, dejando un agujero en mi esternón y cruzando por mi espina dorsal. No podía moverme, olía el humo pero nunca escuché el disparo. Mi cuerpo se desplomó sobre la arena, deslizándose hasta que deje de sentir el suelo. 


Desesperación, tierra, oscuridad. Había caído en un agujero durante mi visita, uno de donde no podía salir por mi cuenta. Crisis, dolor. No habría más, nunca habría más. Estaba sobre el oasis, pero jamás podría tocar el agua, mucho menos beberla. Pero si es un oasis, si es agua, lo he visto, lo reconozco con mis ojos funciona como tal… el viento sopla y se forman las ondas. Es salvación y compañía, si, pero no para mí. Había llegado al final del arcoiris, había un tesoro, pero se vuelve humo cuando me aproximo, solamente podría regresar cargando con remordimiento y dolor. Es sentido común que al soltar algo uno se vuelve ligero, pues es una carga menos, pero al perder la esperanza uno se vuelve… pesado. Era la segunda vez que perdía una estrella, no había más norte que seguir y aunque lo hubiese, ahora si no había tiempo para llegar. Solamente había oportunidad de escuchar el mar a forma de lamento, pues no hay legado que dejar, un futuro ha muerto hoy, y yo también. Puedo ver como los rayos de sol se desvanecen junto al mundo que me rodea… Una vez más hay que esperar, no solo, si no en compañía de la confiable agonía, durante la pérdida más lenta de la historia. No podía hacer nada más, halla o no sido la bala real, el daño a mis nervios si lo fue, no importa cuánto me esforzara, mis brazos y mis piernas jamás se volverían a mover. Lo único que me quedaba era mi voz, así que hice lo único que podía hacer: cantar. Canté por mi cuenta y luego volví a cantar al ritmo de las olas. Vox Clamantis in Deserto. Durante las alucinaciones antes de morir, caído en mi agujero, podía ver como se iba la vida y el afán ahí, paso a paso, se abre una puerta, pasa, se cierra la puerta, se oscurecen los cielos y mi vista, también.


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-¡Detengan la simulación! ¿Me pueden describir qué demonios acaba de suceder? 

-Una disculpa, director… la diagnosis parece que modelo estaba diseñado para una transición fluida a partir del éxito. En el caso opuesto hace… algo que no termino de entender.

-Es inconcebible que a estas alturas, en donde se supone que comprenden lo que estamos haciendo aquí, no se haya considerado esta eventualidad, que por cierto era la más probable. ¿Dónde está el plan de contingencia? No podemos permitir que esta incompetencia comprometa la meta. ¡Traiganme a control de calidad ahora mismo!

-Sr. hemos determinado que va a ser preciso subir la siguiente versión, el sistema se ha truncado.

-El sistema… el sistema, ¡se ha truncado…! ¿Cómo pasó la prueba de calidad esta porquería, en primer lugar? 

-Supongo que es mi turno de decir algo… En todo caso no había manera de restablecerlo pasando este punto así que simplemente avise a control de calidad que lo ignorara, entonces las pruebas nunca fueron calculadas por el sistema. La medida de contingencia es que el sistema se trabe para evitar daños a los mecanismos.

-Entonces esperaste a que algo saliera mal para admitir que simplemente decidiste ignorar las medidas de seguridad. Pensaste en el sistema pero no te importó cómo afectaría a tus subordinados, ni a los clientes. Este tipo de conducta infantil y arbitraria no es aceptable. Se supone que el cerebro tiene la capacidad de pensar a futuro, pero tu caso me hace dudarlo. Se supone, también, que entiendes el modelo a detalle, arregla este problema ahora mismo.

-Tenía que aprovechar la oportunidad, era la opción más eficiente y nos conseguía suficiente tiempo para diseñar algo distinto… no hay forma de restablecerlo ni de corregirlo pues una de las gradientes ha desaparecido.  

-Dejame considerar si entendí bien, ¿diseñaste el sistema para depender de una variable cuya probabilidad de desaparecer siempre fue mayor que tu coeficiente intelectual? Era cuestión de cuando, no de si desaparecía o no. Esta toma de decisiones enfermiza tiene que desaparecer y tu te vas junto con ella. ¿Ves la ventana? Salta y no vuelvas… Para los demás, las versiones tienen cambios significativos e incompatibles con los anteriores, lo saben muy bien. No debería tener que reiterarles que es inaceptable tener que apresurar los cambios por errores actuales. Nunca es momento de arriesgarse por corazonadas ni impulso, ni mucho menos basados en resultados ideales e improbables. La negligencia de su excompañero ha traído un sin fin de problemas para todos y ha llegado a amenazar la integridad misma de la parte física del sistema, lo cual no puedo reiterar que tan irresponsable es. Es importante que aquí todos reconozcamos que teníamos la misma preferencia, pero no da excusa a cometer imprudencias. Uno actúa en base a escenarios probables.

-Director, ¿entonces procedemos a subir la siguiente versión y trabajamos en la misma sobre la marcha?

-Correcto. Consideren también que si el plan de su excompañero rinde frutos no le haremos ajeno a las ganancias, aunque no podrá recuperar la autoridad de la cual abusó. No importan sus buenas intenciones, abusó de nuestra confianza y ni tuvo el buen gusto de disculparse por ello. En fin, habrá que ir por él en tal caso, si es que no se ha ahogado para entonces. ¿Voluntarios?


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Entonces, la resolución no es importante, aunque sí presenta una cuestión quiral. ¿Qué harías si perdieras todo lo que siempre quisiste? y ¿Qué harías si tuvieras lo que siempre quisiste? Ambas están basadas en objetos e idealizaciones transitorias (en el sentido de la palabra inglesa transient). Lo opuesto siendo la versión trascendente. La diferencia entre lo transitorio y lo trascendente es fácil de observar, de experimentar y de vivir. Lo transitorio se vive a veces, mientras que lo trascendente siempre se vive. En Mamba, la felicidad es considerada como un principio trascendente mientras que la alegría (y el dolor) son cuestiones transitorias, porque pasan. Cabe aclarar que las metas por las que uno obra se desvanecen algún día, ya sea por la muerte propia o ajena, lo mismo sucede con el ‘legado’ que tantos se obstinan en crear y propagar, pues se encuentran enamorados de sus resultados y respectivos estilos de vida, sin importar las consecuencias. La identidad, los conglomerados ideológicos genuinos son distintos de los accidentales, los accidentales simplemente buscan propagarse a toda costa, los auténticos tienen sus propios intereses además de esparcirse, con excepciones. 


Esta diferencia existe porque los conglomerados ideológicos son también transitorios y trascendentes. Aquellos que son transitorios buscan con grave prioridad esparcirse y garantizar su supervivencia. Los trascendentes simplemente vuelven a ocurrir y no tienen esas preocupaciones. Observando estas ideas, es posible determinar la respuesta ‘correcta.’ Haría lo mismo que siempre he hecho, porque el éxito y la derrota carecen de relevancia para quien soy. Hay una sensación de insatisfacción única en conocer una respuesta y no seguirla. Queda mucho por hacer.


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