8. Contando con letras: un breve apartado sobre el carácter y las matemáticas

 Contexto:

Los últimos eventos me han forzado a funcionar ‘mal horneado’ aunque quizás más crudo que quemado. Aposté demasiado en una probabilidad y perdí, qué ironía haber leído Si, de Rudyard Kipling con la legendaria traducción de Shodai, recordando que parte del significado de la hombría es saberlo apostar todo y al perder, comenzar de nuevo a reconstruir o reconstruirse. Presagios y malos augurios para todos, en palabras de la corta y entretenida frase que muchos claman que resume el Taoísmo, ‘Shit happens.’ Me encuentro aquí intentando redefinir mi esencia, fracturada de varias maneras pero jamás quebrada, pues mi habilidad para las matemáticas es, posiblemente, de temer. 


Puedo recordar desde hace años estar interesado en las matemáticas. Era una materia en donde terminaba lo que se me asignaba y seguía. Nunca terminé de comprender por qué año tras año veíamos el mismo contenido, era de lo más aburrido. Tengo una historia interesante sobre cuando comenzó mi proficiencia con las matemáticas, la recuerdo bien, fue en un salón de clases los miércoles por la tarde. Así es, después de la escuela inclusive me quedaba tarde para aprender más matemáticas. ¡Qué dedicación! No. Estaba castigado en realidad y el castigo por ser enfadoso era sentarse dos horas todos los miércoles a resolver problemas. Así es, mi habilidad matemática viene de haber resuelto problemas una y otra y otra vez. Eran muchos problemas, inclusive fastidiosos de resolver con una calculadora, pero a fin de cuentas eran solamente operaciones básicas. Lo interesante es que no soy bueno con cálculos (con aproximaciones probabilísticas y estadísticas si, pero eso aparte) y eso era principalmente lo que hacía. Claro que si mejore, tanto así que algunos profesores me acusaban de hacer trampa por realizar división larga en mi cabeza, claro que eso era imposible considerando que había terminado primero. 


Con el paso de los años, matemáticas era simplemente una materia donde yo era ‘bueno’ pero de ninguna manera un genio. Claro que contrastaba el esfuerzo que le ponía a la materia con mis calificaciones, simplemente no ponía nada de atención y me dedicaba a resolver los problemas por mi cuenta. Inclusive cuando me recomendaban hacer las cosas de una manera lo ignoraba e igual obtenía la solución. De ahí los comienzos de la importancia de ‘mi solución’ que no es solamente por obstinación, sino un producto de lo que he llegado a entender. Podría utilizar los métodos y conclusiones de otros, pero la realidad es que no iba a entender. De hecho, mucho de mi método de enseñanza está basado en que el alumno desarrolle sus propias maneras de entender y utilizar los principios matemáticos. 


Tuve varios choques con profesores de matemáticas a través de grados y clases, especialmente con aquellos que enfatizaban utilizar un método rígido sin encargarse de que los alumnos lo hubiesen aprendido a detalle. Que vergüenza e indignación me daba cada vez que un profesor presentaba problemas fáciles en su clase y difíciles de tarea, o peor aún, cuando toda la clase tenía una naturaleza de ejercicios y los exámenes eran distintos. No tiene sentido enseñar una cosa y evaluar otra en ninguno de los casos, a menos que la tarea misma sea investigación que es un problema distinto. Además, no es como si en la escuela se enseñara a aprender y desarrollar, se enseña a seguir instrucciones es diferente. De ahí mi problema, me fastidia seguir instrucciones, especialmente cuando las ha construido una mente que no tiene un entendimiento exacto de lo que está enseñando. 


Clase tras clase, año tras año. Recuerdo ver reprobados incontables alumnos que eran los mejores de sus respectivas clases de matemáticas. Sabían repetir, no aprender, ni mucho menos enseñar. Entonces cuando por primera vez las clases requieren que el alumno desarrolle su propio conocimiento, todos sus méritos se desvanecen, mientras que yo obtenía los mejores resultados y explicaba los temas que el profesor dejó inconclusos. ¿Mente superior? No. ¿Habilidad innata? No. ¿Trampa? No. La diferencia entre ellos y yo era en realidad muy simple, aun a pesar de mis métodos distintos de aprendizaje y entendimiento, nada tenían que ver con nuestra diferencia, todo se puede transmitir menos una cosa. Una característica fundamental que cada persona necesita desarrollar por su cuenta. La persistencia. 


Todo proyecto, problema, evento y decisión que he tomado en donde he persistido, he vencido o he encontrado la verdad. Son las únicas dos cosas que me interesan, pues vencer en mi caso implica que todos ganan, y cuando encuentro la verdad solamente yo pierdo, la ganancia neta sigue siendo positiva. Por lo contrario, cada vez que no he persistido he perdido mi tiempo, mis sueños y hasta mi gente. Si tan solo hubiese puesto más de mi, todo habría sido mejor. Pero tenía miedo a fallar. En el presente mis resultados se han quedado cortos. He podido mantener la cabeza erguida, la espalda derecha y mi dignidad intacta, pero no ha sido suficiente. 


Me veo sin más remedio que recurrir a la historia para expresarme. Para encontrar ideas que otros diseñaron o vivieron con elegancia, grandeza o tragedia. Hoy toca recordar a el Jefe Joseph de los Nez Perce. Viva su memoria por siempre. 


 I WILL FIGHT NO MORE FOREVER, 1877 


I am tired of fighting. 

Our chiefs are killed. 

Looking Glass is dead. 

Toohulhulsote is dead. 

The old men are all dead. 

It is the young men who say no and yes. 

He who led the young men is dead. 

It is cold and we have no blankets. 

The little children are freezing to death. 

My people, some of them, have run away

 to the hills and have no blankets, no food. 

No one knows where they are. 

Perhaps they are freezing to death. 

I want to have time to look for my children 

and see how many of them I can find. 

Maybe I shall find them among the dead. 

Hear me, my chiefs, I am tired. My heart is sad and sick. 

From where the sun now stands, 

I will fight no more forever.


-Traducción al inglés por Arthur Chapman


Está claro que no he tenido pérdidas similares a la del Jefe Joseph, aunque mis antepasados, especialmente los ideológicos, sí las tuvieron. No me corresponde juzgar su decisión, mucho menos conociendo sus circunstancias.  Me encuentro con duda, frente al problema de la toma de decisiones. Me gustaría tener certeza de los resultados que obtendré, no importa cuánto esfuerzo tuviese que dedicarles. La duda, la falta de fe en uno mismo es un límite como ningún otro, especialmente para alguien cuya forma de pensar y historial de éxito depende casi completamente de la persistencia. No importa si las circunstancias son difíciles o inclusive deliberadamente injustas. 


El paradigma de Shodai, Mamba-Ryu proveyó muchos de los aspectos faltantes de mi persona, no a través de la imposición insensata, sino utilizando referencias historias, presentes y mucha atención. De hecho la mayoría de lo que se enseña en el ryu es simplemente a poner atención y ser objetivo, de otra manera ¿Cómo sabes que el sufrimiento que intentas remediar y prevenir en los demás no es exactamente el mismo que tus acciones, por ‘teoricamente’ buenas que sean, acaban causando? Educación, conciencia, atención y escuchar a los demás. Más allá de todo lo anterior, un pensamiento sistémico, es decir, las consecuencias reales de las acciones son un efecto sobre el sistema en su totalidad, es decir, a veces remediar el dolor de una persona un día es suficiente para causar la miseria de toda una familia por décadas. No porque sea malo salvar vidas, sino porque no remediamos el problema, lo pospusimos meses, quizá incluso años. Similar al pensamiento que lleva a la gente a preferir encerrar gente en jaulas por años, en donde serán violentados emocional y físicamente cada segundo que pasen ahí, en vez de solo matarles. Su sadismo social evade cualquier diagnóstico y supera hasta al más vil de los psicópatas. Prefieren cargar con la memoria de la condena de una persona a un pozo de perdición que haberla matado. Obviamente no es así, no cargan con ello en su conciencia por que no tienen, simplemente se olvidan del prisionero y siguen con su día, así es lo poco que el paradigma social actual valora la vida humana y la calidad de la experiencia de la mente consciente. 


Mamba, como todo paradigma formal, tiene su disciplina bien esparcida a través de todos los aspectos de la vida humana, es tanto una forma de pensar como una forma de ser. Para mi no hay opción, necesito esforzarme para encontrar la excelencia en todo lo que hago y ahí no preciso de una decisión distinta porque lo disfruto y ha contribuido a mi calidad de vida. Trajo un remedio permanente a muchos malestares y me dio las herramientas para desarrollarme lo suficiente como para resolver mi problema fundamental. Pero aun tengo dudas, no del paradigma sino de mi capacidad y de los resultados posibles. Por eso todo esto, todo este pensamiento no es más que una gran forma de aproximarse a saber cual es mi decisión correcta. Sin embargo, me encuentro sin estar convencido por que hay una discrepancia emocional dentro de mi, aun con conocimiento perfecto de mi respuesta tengo miedo a fallar. Tengo miedo a fallar porque tengo un interés en tener éxito, el problema y la solución son la misma. Me estoy preocupando por juegos insensatos, es casi imposible evitarlo sin ser iluminado. Es un efecto secundario de haber mantenido siempre mi integridad personal.


Toda orden busca quebrar a sus miembros para reformarlos. Necesita despedazarlos por dentro, influenciarlos en su máximo punto de debilidad para reconstruirlos en algo útil para la organización. No importa si es militar, social, o religiosa, así funcionan las ideas cuando tienen la intención de reproducirse y sobrevivir. Necesita un anfitrión que parasitar. Yo no me quebré, es más, mi excentricidad creció. Me volví más ‘yo,’ pero ahora con principios que seguir e ideas que me permitían cumplir mis metas. No por lo que me habían dicho que ‘era bueno,’ la realidad es que no quería ni quiero que nadie jamás pase por el rechazo generalizado que experimente, por eso adopte las ideas de Mamba, por que proponen que el individuo elija una identidad, sea feliz de acuerdo a ella y provea de bienestar y utilidad trascendente a aquellos a su alrededor. No se trata de sacar gente de su miseria, darles una torta y media soda, meterles ideas en la cabeza y regresarlos a su miseria, igual de pobres pero ahora convencidos de que su pobreza es ‘por una razón.’ El propósito es que tengan herramientas y disposición a cambiar el contexto sociocultural porque todos estaríamos mejor.


He hecho tantas promesas y me da tristeza que no se me permita cumplirlas. Puedo atestiguar, aún así de incompleto, que aun después de una muerte emocional tengo toda intención de cumplir con mi palabra. La muerte no puede detener mis compromisos, especialmente no cuando se trata de una mezcla entre calidez y sentimientos de deber. El Jefe Joseph no perdió la guerra cuando dejó las armas, la batalla se perdió cuando el espíritu de los nativos americanos se quebró. Habrá mil maneras de seguir combatiendo, pero la guerra ideológica necesita un carácter distinto al de tomar vidas y una preparación como ninguna otra. La guerra ideológica necesita de cada momento, dormido y despierto. Donde los hombres, sus balas y los gritos se cuentan con números, las ideas se miden con tonos de infinito. 


Persistir, combatir, hacer ignición y continuar con la adversidad. Esa es mi respuesta. El escrito era solamente una manera de detallar el proceso bajo el que llegué a esta conclusión. Es exactamente la misma manera en la que aprendí a verdaderamente hacer matemáticas. Primero obtener la respuesta, después justificarla con una solución que la establezca como una verdad inquebrantable o la determine como falsa y abra paso a un nuevo entendimiento. No puedo seguir guerreando de la misma manera, tendré que cambiar y las promesas, aunque no por mi voluntad ni decisión, se van a romper pero al final, venceré. O por lo menos tendremos alguna verdad más. 


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