2. Indignación Infinita
Solía ser cuestión de depresión, yo recuerdo. Hubo un tiempo en donde me derrotaba la idea del malestar infligido por gente a mi alrededor. Gente que me importaba por la naturaleza de la interacción. Supongo que siempre he sido bastante crédulo en cuestión de generar amistades y he pagado las consecuencias por ello, una y otra vez. Confundo la cortesía por la amabilidad y las obligaciones del contexto por la buena voluntad. Esencialmente se me dificulta lidiar con la hipocresía. Recuerdo cada desacuerdo, juicio y crítica injusta. En su día me daño con gravedad. En ningún momento, bajo ninguna circunstancia abogo por ello, pero puedo decir que entiendo por qué alguien querría llevar un arma de fuego a un salón de clases, o a una reunión comunitaria. Esa es la extensión del… malestar. Evidentemente nunca me deje llevar por emociones de esa naturaleza, no me caracterizo por ser una persona violenta, así que no me he dejado llevar por ese tipo de emociones, pero eso no significa que no esten ahi. La extensión de mi fuerza, aún desde joven, ha sido de contener la violencia dentro de mí y debo decir que nunca ha sido poca cosa.
No fue hasta tiempo después donde aprendí a encaminar esas emociones tan desgastantes hacia una actitud de indignación y hacía querer rectificar, a través del ejemplo, de los buenos deseos, de una comprensión filosófica y racional del contexto. De querer ayudar a los demás y crear relaciones personales. Todo eso, de nuevo, gracias a Shodai. Pero el daño estaba hecho y como tal, mi autoestima se había hecho trizas por la mayoría de mi vida. Rara vez alguien se podría dar cuenta, dudo que alguien se haya podido dar cuenta, es más, por el contrario mucha gente se inconformaba con mi actitud meticulosamente diseñada para contener la violencia y la depresión al mismo tiempo. A veces los ilusos pensaron que mis malestares eran similares a los suyos. Absurdo, inclusive los más enfermos mentales tienen periodos de tranquilidad y descanso, más bien sus condiciones son el objeto de arranque e impulso. Inclusive hoy en día, despierto con una gran… indignación y me duermo con la misma, presente como un fuego que quema mis fibras musculares. A veces brilla con más intensidad, como hoy. Está presente a cada momento, cada instante, cada respiro.
Eventos recientes ayudaron a encaminar esas emociones en una nueva dirección. Una creativa y artística. Como un motor Stirling, que se mueve al disipar concentraciones de calor, mi reciente énfasis en la música y en la escritura no es casualidad. De ahí que pueda tocar más de cien veces la misma pieza hasta que cada tendón de mis manos esté a punto de dañarse. Claro, como efecto secundario cumplo la tarea asignada. También mi énfasis en la poesía, tan dedicado y cuidadosa como es mi selección de palabras, conjuntos de ideas, sentido de las oraciones e idea que conglomera el resto. Esos poemas existenciales son el producto de violencia mental, aplicada a aplastar conceptos y a atacar cosmovisiones en vez de… causar desorden. Pero ahí está, la estocada sin piedad justo a lo sagrado, justo a lo más personal y delicado. Evidentemente no vieron al estoque entrar, ni lo sintieron salir. Así de preciso es mi ataque. Pero ya es tarde, las ideas están posicionadas y esperando.
Me duele que las cosas sean de esta manera, lo cual exhibe que evidentemente no estoy iluminado, pero por lo menos he podido realizar algo útil con mis emociones. Tengo muchas preguntas para el presente y futuro cercano. Quizás habrá más leña para el fuego pronto. Quizás habría más razones para componer poesía. Lo certero es que escribiré, escribiré…
Afortunadamente este es un diario estilo libre, así que puedo brincar de temas como se me dé la gana. Quisiera hablar más sobre la hipocresía de la gente. Muchos se quejan de la violencia de los demás y acaban siendo los primeros en violentar. Muchos se quejan de la apatía de los demás y son los primeros en deshumanizar a otros. No es una conducta que pueda comprender. Hay muchas explicaciones causales a ‘por qué son así’ me recuerdan al comunismo y la porquería que se convierte, pues promete igualdad y se encarga meticulosamente de que exactamente lo opuesto suceda. No lo entiendo, ¿por qué alguien, al recibir la oportunidad de salir del agujero prefiere cavar más hondo? Especialmente cuando manifiesta explícitamente el querer salir de ahí. Quizá al verse víctimas ahora quieren ser quienes victimizan. Hay pocas excepciones al caso, pero lo más fascinante para mí a través de los años es ver cómo la gente se asusta o se incomoda gravemente por recibir un cumplido y al recibir un insulto o un comentario desagradable lo toman como lo más absolutamente normal. Cientos de personas promueven estos movimientos de quererse a uno mismo, de salir del trato insensible hacia los demás, de superar al pasado… pero la ironía es que ellos mismos no solo representan al pasado, sino que causan en otros lo que su pasado causó en ellos. Inclusive terminan representando una superficialidad más asquerosa que aquella con la que se les juzgo a ellos mismos. Son peores que sus padres (o que sus violentadores), no por que juzguen de maneras más arbitrarias, ni por que al igual que ellos piensen que están “haciendo un bien,” sino porque ustedes tienen todas las herramientas ideológicas para salir, incluyendo ser conscientes del problema, pero decidieron cavar más hondo. No necesitan mi desprecio, seguro tienen suficiente del suyo propio.
Violencia hecha palabras. Violencia con propósito. Martillo que esculpe la piedra - o que pulveriza las migajas.
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